Relatos de aparición-desaparición,
presencia-ausencia, pérdida-reencuentro. Descubrir el borrón,
escudriñar trozos de mí misma, en mí, en los otros, cerca y lejos.
Transitar en el cuerpo, en los latidos, en la voz que se esconde, en
la niña que pervive, en la mujer que duda de sí misma.
Desaparecida en la reminiscencia y otros relatos
lunes, 5 de diciembre de 2016
viernes, 6 de noviembre de 2015
El primer relato: un sueño que comenzó estando yo dormida y elegí seguir soñando "despierta".
En madrugadas, sobre cuadernos, plasmando en pantallas, en blanco, gris y negro. Un pequeño personaje, desde la otra punta de mi viaje, me planteó preguntas. Tal vez no me buscaba, sólo estaba allí, para que yo lo encontrara.
"La casa se estaba enfriando, urgía salir y cerrar bien todo,
inclusive arriba, las puertas de la terraza y del balconcito. Salí
del escritorio con ese olor a maderas desvaneciéndose, a tabaco
y a ginebra. Ya se habían llevado los muebles del living, menos
el sillón donde se arrullaba una nena. Me gusta hamacarme en
9este sillón, me dijo, mientras luchaba por sacarse un guantecito
blanco de la mano derecha. Quién sos, le pregunté, casi segura
de reconocer a una niña vecina que había visto alguna vez. Uy,
me aflojé un diente mordiendo el guante, dijo a modo de con-
testación, mostrando una dentadura de leche completa. Acto
seguido se puso a cantar “J’ai perdu le do de ma clarinette”
mientras se hamacaba y peinaba con un cepillo los finos cabe-
llos rubios. Quiero que me crezca el pelo, explicó, pero mi mamá
me lo corta. Porque se te enreda, le repliqué con voz de mamá,
pero no me convenció. Me escapé, confesó, fijando sus ojos gri-
ses en mí. Tuve miedo y no me animé a preguntarle de dónde."
En madrugadas, sobre cuadernos, plasmando en pantallas, en blanco, gris y negro. Un pequeño personaje, desde la otra punta de mi viaje, me planteó preguntas. Tal vez no me buscaba, sólo estaba allí, para que yo lo encontrara.
"La casa se estaba enfriando, urgía salir y cerrar bien todo,
inclusive arriba, las puertas de la terraza y del balconcito. Salí
del escritorio con ese olor a maderas desvaneciéndose, a tabaco
y a ginebra. Ya se habían llevado los muebles del living, menos
el sillón donde se arrullaba una nena. Me gusta hamacarme en
9este sillón, me dijo, mientras luchaba por sacarse un guantecito
blanco de la mano derecha. Quién sos, le pregunté, casi segura
de reconocer a una niña vecina que había visto alguna vez. Uy,
me aflojé un diente mordiendo el guante, dijo a modo de con-
testación, mostrando una dentadura de leche completa. Acto
seguido se puso a cantar “J’ai perdu le do de ma clarinette”
mientras se hamacaba y peinaba con un cepillo los finos cabe-
llos rubios. Quiero que me crezca el pelo, explicó, pero mi mamá
me lo corta. Porque se te enreda, le repliqué con voz de mamá,
pero no me convenció. Me escapé, confesó, fijando sus ojos gri-
ses en mí. Tuve miedo y no me animé a preguntarle de dónde."
jueves, 5 de noviembre de 2015
martes, 3 de noviembre de 2015
lunes, 2 de noviembre de 2015
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